lunes, 16 de marzo de 2026

Querer la santidad

"Al Señor cantaré en mi vida;

a mi Dios diré salmos mientras viviere.

Me será suave hablar de El;

yo me alegraré en el Señor."


Salmo 104: 33 - 34


 Este hermosísimo salmo de alabanza nos da a conocer con mayor amplitud cualidades del Señor:

 * Dios de luminosidad resplandeciente: el Altísimo es un Rey celestial cuya luminosidad resplandece en los cielos y se expande hacia la tierra. Dios es luz, expansiva e imponente; iluminadora, purificadora, disolvedora de sombras; trascendental, infinita y eterna, su propósito inicial hacia su creación. Cada vez que nos sintamos ensombrecidos por algo y lo invoquemos, lo primero que el Señor hace es llegar con su luz a transformar con ella la experiencia, según su visión espiritual.

 * Dios de orden y ubicación de las fuerzas naturales: Jehová Dios, además de crear el universo, coloca cada uno de los elementos en su debido lugar a objeto de que cumplan con la función para la que han sido concebidos. Tanto las aguas, las nubes o el viento cumplen el propósito que la divinidad les ha asignado porque ante todo son los medios del Señor producidos para Su glorificación.

 * Dios de un reino celestial: Jehová es un supremo Arquitecto cuyos cielos y estructura celestial fundada sobre la tierra, ha sido diseñada por El mismo; da vida a su cuerpo angelical, que lo acompaña y obedece, de acuerdo con su grado angélico. El guía su evolución y los puede llevar a ser "de ángeles a espíritus", o hacer "sus ministros fuego flameante" (Salmo 104: 4).

 * Dios firme sostenedor de su creación: como El es lo inmutable, todo lo creado por El también lo es. Dios es el cimiento esencial de aquello que ha construido, ya que contiene en sí mismo su propia esencia. Con eso se refiere el salmista a la solidez de la tierra, a la consistencia de las montañas, o a la resistencia de los montes.

 * Dios proveedor de sus especies: el Señor gobierna los elementos de la naturaleza para nutrir a sus especies, asegurando su supervivencia y preservación. Es el amado "Jireh", es decir, "El que provee". De modo que El envía las aguas como fuentes, arroyos, lagos, cascadas, mares, etc., para alimentar a los animales y al hombre; adecuando con su humedad los suelos, preparando los cultivos de sus frutas o vegetales: "El que hace producir el heno para las bestias; y la hierba para el servicio del hombre; sacando el pan de la tierra" (Salmo 104: 14).

 * Dios sobrenatural fuente de felicidad: el Padre celestial nos concede el honor de disfrutar del vino, del aceite, del pan y de todo lo que satisface las necesidades espirituales y corporales porque El nos quiere hacer felices. El quiere compartir con sus ciudadanos la plenitud que merecen aquellos que se deleitan con su palabra, siguiendo fielmente sus preceptos.

 * Dios, creador del tiempo: el Iluminador creó el sol, la luna, las estrellas y con esto dio origen al tiempo, con sus días y sus noches.

 * Dios de vida, muerte y renuevo: en El está fundado el principio del inicio y el fin de toda existencia, así como el renuevo: "Escondes tu rostro, se turban; les quitas el espíritu, dejan de ser, y se tornan en su polvo. Envías tu espíritu, se crean; y renuevas la faz de la tierra" (Salmo 104: 29 - 30).

 De la grandiosidad, la majestuosidad, la nobleza del corazón del Señor nos habla este cálido e ilustrativo salmo, con una exhortación a alabarle, a bendecirle, a glorificarle, a agradecerle ser Aquel que le ha dado sentido a nuestro existir, inclinándonos con humilde disposición a querer la santidad: "Sea la gloria del Señor para siempre; alégrese Señor en sus obras" (Salmo 104: 31).

Duinka Leal




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